Ánastros

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Á N A S T R O S

VASTO/VACIO

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VASTO / VACIO

viernes, 1 de enero de 2010

DISTORSION C-1

Capítulo I

Inmersión a la Vorágine

Salí corriendo de mi casa muy apurado sin pensar por qué lo hacía, por cada cerrar de parpados me veía avanzar muchos metros, la frente y el cuello me sudaban, mientras que un mareo me dividía la cabeza como a un pastel de cumpleaños, me sentía como si me hubieran hecho rodar de frente por la calle pero un extraño deseo de continuar me impulsaba a seguir el paso continuo y a zancadas, a pesar de que en cualquier momento me podía desplomar sobre el frío y áspero asfalto, como la basura que arrojaba a los contenedores todos los lunes desde hace algunos días, pero tenía que continuar, sin rumbo ni sentido, hasta que de repente un pájaro cruzó el cielo como si de algo intentara escapar, dejando un rastro que solo podía sentir, cortando el cielo en dos tramos, momento en el cual recordé por qué estaba corriendo, sin antes darme cuenta que corría con mi mochila de cuero, mi vieja mochila que aguantó todos esos pesados libros que leía… ¿Libros? Abrí mi mochila y ahí estaba el reluciente libro al cual me había apegado las últimas semanas: “Cálculo Vectorial para Ingenieros”, un título muy intrigante y seductor para una persona como yo, amante del arte y su relación con los números, el cual siempre me ha fascinado cómo aquellas hormigas capaces de levantar mundos, todas solidarias entre sí. Tomé mi libro mientras corría, disminuyendo un poco la velocidad para no volcar, y hojeo las últimas hojas, una tabla de las integrales más usadas y transformadas trigonométricas útiles, y en el final un papel con una nota “Devolver mañana temprano”, y es ahí cuando un flashback estremecedoramente violento me azota contra la realidad y recuerdo que en menos de 15 minutos vencía el plazo del préstamo de aquel libro de la biblioteca de mi universidad, luego veo que la puerta de la universidad estaba por cerrar, y no podía atrasarme de nuevo, así que corrí más rápido, recorriendo dos pasos más por cada zancada, cuando cierran la puerta definitivamente, pero cuando cierro los ojos a unos pocos metros de la puerta, aún no cerraban, pero oí las rejas sacudirse y al momento de cerrarse, mis ojos ya estaban cubiertos, aun así nunca me oí chocar contra las rejas de barras paralelepipedales, sino que sentí un fuerte viento, tanto como si el aire pesara mil veces más, casi me sentí entrar de repente al mar y corriendo bajo el, para luego abrir los ojos y encontrarme en un lugar muy alejado a lo que es una biblioteca, me encontraba en una especie de pub, en el cual había mucha gente, estaba oscuro, y todo era de madera añeja, pero singularmente, todas las personas que aparecieron en la escena, me parecían algo familiares, pero eran a la vez todas diferentes entre sí, sus rostros eran tan llamativos e intrigantes, que no podía dejar de mirar a nadie, estaba hecho un caos, mi mente no podía trabajar tanta información, ya que trataba de asimilar sus rostros con eventos pasados, que inevitablemente me perturbaba bastante, y luego me di cuenta que toda la gente que estaba en el pub, la había conocido de alguna forma. Hasta que se acercó un tipo y me dijo – “Hey, cómo has cambiado, tanto tiempo que no nos veíamos” - Entonces fue cuando lo reconocí, nos habíamos conocido hace unos 10 años en el colegio, la verdad estaba igual, pero un poco más alto, nada más, y entonces me pregunto – “¿Te acuerdas de mí verdad?” – Y en realidad recordaba que nos habíamos topado, pero no su nombre, entonces le respondí – “Si, pero ha pasado mucho tiempo…” – Y en ese momento el bullicio aumenta drásticamente y aprovecho esa oportunidad para escabullirme, ya que en un mundo tan raro y nuevo, no me aguantaba las ganas de explorar el lugar, entonces caminé mas allá y en pocos pasos había recorrido metros, llegué a la salida, abrí la puerta de madera apolillada y astillada, levemente chillona, salí y había un balcón de madera oscura y mojada, luego miré alrededor para encontrarme con un cielo negro y un aire húmedo, estaba lloviendo a cántaros y estaba muy oscuro afuera, pero una luna camuflada entre las gotas asomaba sus luces blancas, en ese momento miro hacia abajo y me encuentro a gran altura, luego me abalanzo contra la baranda y me doy cuenta que estoy a unos 5 o 6 metros de altura por sobre un lodo espeso y burbujeante, abajo todo era tan oscuro y tenebroso, pero sigo mirando y me doy cuenta que hay un tronco de colosal tamaño, que está sujetando el recinto donde me encuentro, no veía donde empezaba, solo notaba que se veía rígido como la roca, luego del espasmo, me inclino hacia atrás, retrocediendo a un paso acelerado, caigo al suelo sentado, lo que me oportuna para mirar hacia arriba, y mientras lo hago caen las gotas brillantes nacientes de un oscuro cielo, y veo también caer algunas hojas secas de color difuso, y finalmente mi cabeza llega a su tope, en que la nuca se había encogido lo suficiente como para darme cuenta que sobre mi había un fardo de hojas y ramas, que de alguna forma agresiva, se asomaban filosamente, como si intentaran acorralarme, pero cumplieron su cometido, estaba acorralado en la pared de madera, mojada, y para mi sorpresa, aquellas hormigas capaces de levantar mundos, estaban ahí, lo cual salté del susto y me puse de pie pero no tuve tiempo para pensar en dónde pisar y un pie resbaló pisando un musgo que estaba en el piso y me vi frente a frente con el abismo que tragaba todas mis fuerzas que se hacía notar bajo la vacía baranda de madera, me paré rápidamente, en ese momento sale una persona del pub azotando la puerta contra la pared, se veía un poco mal, algo ebrio, pero para mi sorpresa era mi mejor compañero de la universidad, al cual socorrí el cual me asegura no estar ebrio, sino un poco mareado, entonces a lo lejos logro divisar una camioneta verde algo oxidada, pero con llantas deportivas, y en ese momento un rayo cruza mi mente, y mi cerebro me intenta decir algo, que poco a poco se transforma en un recuerdo… antes de salir corriendo, estaba sentado en la parte trasera de una camioneta de dudoso origen y por un motivo desconocido, y salto desde esa camioneta, para luego salir corriendo, no recuerdo porqué estaba ahí, pero no creo que esa camioneta haya sido mía, de todas formas, ahora estaba frente a mí, a varios metros de distancia pero a la vez varios metros bajo mis ojos, miro hacia la izquierda y veo que desde el piso de madera, poco a poco se va transformando en asfalto, que simulaba una carretera, bajo con mi amigo algo recuperado a pasos inseguros, era un camino en espiral y mucha fue mi sorpresa cuando logré dimensionar el diámetro del tronco que sostenía el local, pero algo extraño sucedía a medida que bajaba, el diámetro del tronco por cada paso hacia abajo, iba disminuyendo hasta finalmente tener el diámetro de un lápiz, lo cual me volaba la cabeza, y al bajar, corrimos hacia la camioneta, lo cual estaba mucho más cerca de lo que podía apreciarse desde el balcón, pero luego volteo la cabeza para luego voltear el resto del cuerpo, y puedo notar que el tronco pertenecía a un enorme árbol, pero para aún mayor sorpresa, el pub construido de madera, era parte del árbol, como si hubiera estado ahí desde que el árbol había sido plantado, lo cual se notaba de edad milenaria, entonces mi amigo me dijo – “Vamos, conduce el vehículo, tenemos que salir de aquí” – a lo cual eufórico respondí – “Esta camioneta no es mía, además, lo único que veo cerca es ese extraño árbol en el cual estuvimos hace un rato” – Era verdad, no lograba divisar nada que no fuera oscuridad y humedad, parecía un desierto, pero de lodo y olor a pasto recién cortado, como el de la universidad en la cual ya empezaba a pensar – “¿Qué haré con el libro?” – Entonces es ahí cuando me doy cuenta que mi mochila ya no estaba en mi espalda, entonces extrañamente mi amigo dice – “¿Tu mochila no es esa que está dentro de la camioneta?” – No le decían el “Sapo” por nada, además de espiar a nuestras compañeras en la universidad y hacer trampa en las pruebas, era bastante observador, bueno, cómo no adivinarlo. Entonces tomo la fría manilla de la puerta, para dejar escapar un tétrico sonido de metales rosando entre sí mientras las bisagras hacen su trabajo separando la puerta del resto de la camioneta, al lograr abrir la puerta, tomo mi mochila y la abro, mi libro estaba intacto, podía apreciarse un olor a un polvoriento cuero y a un nauseabundo hedor a barro tóxico dentro de la camioneta, pero dentro de la mochila se encontraban restos de hojas secas y hasta una manzana encontré ahí, pero el frío nos obligo a invadir el interior del vehículo como si el aire afuera estuviera ardiendo y dentro se encontrara una refrescante brisa, en lo que mi amigo pregunto – “¿Sabes conducir?” – Excelente pregunta, pensé, ¿qué otra cosa también no recordaría?...

Logré divisar una llave cerca de la gastada radio a casetes, la tomé, mucho tiempo llevaba sin haber sentido un metal tan frío, como un ácido corrosivo que se esparcía entre mi palma y el abrazo de mis dedos quemara todo lo que alcance, entonces lo levanté y lo inserté en el mecanismo de la ya veterana camioneta, entonces le digo a mi amigo – “Espero que funcione, sino, ya veremos…” – Creo que escuché dos veces el contacto de la camioneta al encenderse, la primera solamente la escuché yo, y la segunda la escuchó el resto del mundo, entonces las luces incandescentes de la rígida estructura móvil comenzaron esforzadamente a iluminar con un marcado patrón de parpadeos, luego limpio el parabrisas con mi mano izquierda, ignorando la suciedad que barrí al hacerlo, entonces ocurre algo inesperado, el vehículo comienza a moverse solo, a deslizarse por el barro, y noto que las ruedas no rodaban, ¿Cómo era posible? Empiezo a pensar: “Cómo es posible que el vehículo comenzara a moverse sin haber encendido el motor siquiera? Todo para mí se convertía en una nebulosa, sentía como si de repente me hubiera asomado a través de un alto pasto hacia un acantilado, y hacia el magistral tamaño del abismo me hubieran empujado, cayendo hacia donde la nada y el infinito comenzaban a parecerse… comienzo a sudar frio y asustarme, apretó fuertemente el volante, poniendo la vista fija en la nada, luego miro temblorosamente a mi amigo, el cual tenía la cara pálida, una expresión de un cadáver el cual nunca supo el motivo de su muerte, pero para mí alivio, diviso un pestañeo algo descoordinado en sus ojos, el cual con voz densa y agitada me dice – “No entiendo nada de lo que pasa” – Por lo menos no estaba solo en este extraño escenario, alguien ya compartía algo del terror que sentía al estar en un lugar no acostumbrado, luego asomo sigilosamente la cabeza a través de la abertura trapezoidal de la ventana, siento un aire casi extinto, a pesar de movernos a gran velocidad, se siente un aire estático, casi como si viajara con nosotros, incluso me atrevería a pensar que golpeaba mi nuca en vez de mi cara, algo que no podía explicarme, pero que ya empezaba a asimilar como realidad, no así mi compañero, que no podía retirar ese rostro espantoso de su cabeza, al menos no voluntariamente, por lo que recurrí a decirle después de haber entrado la cabeza al vehículo – “Vamos, anímate, al menos somos ambos” - Lo que creo que calmó algo el aparente regurgitarte cerebro de mi amigo el cual yo no recordaba su nombre aún, pero no me importaba para nada en ese momento, mi norte ahora estaba fijado en el vacío, sin rumbo al cual dirigirme, ahora estaba viajando en un poliedro metálico del cual no tenía control alguno, entonces puse la vista al frente y me di cuenta que el camino ya no era de lodo, sino de arena, el paisaje pasó de oscuro, a un tono ocaso, vista que extrañamente me daba un aire de alivio y regocijo, como si allí al final se encontrara mi hogar, con ese olor a madera fina y pintura gastada por los años y los descuidos, afortunadamente, noto con un rostro más relajado a mi amigo, como si sus temores ya se hubieran disipado kilómetros atrás y un calcinador sol se tragara en luz su ya gastado rostro, pero noto que durante el viaje, mi mochila se ha tornada algo mas marrón, como si también sintiera ese acogimiento del destino que nos esperaba, veo más adelante y creo distinguir de entre unas dunas que se arremolinaban como el rostro de desesperación del agua al irse por el desagüe, una puerta de acero tan firme como para aguantar un proyectil o quizás el impacto de una avión, estaba totalmente erguida, como si el suelo hubiera extendido sus brazos amablemente para mantenerla en pié durante miles de años, aunque tal puerta estaba ligeramente inclinada, que desde la distancia a la que estaba, no se lograba distinguir en qué dirección, su color era de un tono intensamente rojo, como el cobre o un perfecto rojo ocaso, pasaron pocos segundos para que esta imagen se empezara a desmoronar, la inmensa cantidad de arena, y la pintoresca y majestuosa puerta roja de acero comenzaron a hundirse de apoco, para ese momento miro alrededor y veo que la camioneta ya no se estaba moviendo, y pareciera como si hace bastante tiempo nos habíamos detenido en medio del arenoso desierto, mi compañero estaba ya dormido, expeliendo suaves ronquidos, como si se hubiera dormido en un inmenso jardín de pastos y flores, bueno, yo me sentía algo adolorido, como si hubiéramos viajado durante horas y horas, poco a poco los parpados en un agresivo intento de cubrir mis ojos, lograban invadir mi cerebro con incentivos de sueño, no podía aguantar más, mientras cada vez más seguido cerraba los ojos, la puerta y toda la arena alrededor se iba hundiendo de a poco, hasta que abrí mis ojos en un último esfuerzo para mantenerme despierto, logro distinguir que la puerta ya se había ido, la arena desaparecía cada vez más rápido, y como una onda, el abismo se acercaba a la camioneta de forma acelerada, pero mis últimas fuerzas se habían consumido y posteriormente me sumerjo en la somnolencia que abatía todo control sobre mi cuerpo, para luego no recordar más.


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